¡Es hora de irnos!
Parecía un día normal, como muchos, pero esta vez todo sería diferente. Una simple frase, cambiaría su destino y el destino de toda la humanidad.
-El se sentó junto a la sombra de con quien había caminado largo tiempo, trató de hacer memoria cuantos años tenía esta aventura, pero habían sido tantos que simplemente olvidó cuando todo comenzó.
Era un cielo hermoso, la luna en todo su esplendor iluminaba el valle sin dejar un espacio en tinieblas, no era una ni dos, sino millones de estrellas que deleitaban la vista de todo aquel pudiera verlas, el clima perfecto, en realidad era una de esas noches como pocas. Parecía ser la primera en la historia en donde todo conspiraba para que pasara a la posteridad, en realidad nada de eso importaba para él, ni el clima ni la noche, podrían compararse con ese preciso momento.
-Bajó su miraba y se inclinó apoyando sus brazos en las piernas, mientras comenzó a recordar cada vivencia, cada uno de los momentos que hicieron su vida memorable. Su primera caminata juntos, ¡ah! ¿Y cómo olvidar esa noche? si, la noche que todo cambió. -Todo comenzó esa vez cuando... -Hilvanó una frase que fue interrumpida con una ola de historias que vinieron a su mente.
Comenzó a jugar con sus manos, esas manos duras y ásperas resultado del trabajo duro que por años lo caracterizó, parecía que por un momento se convirtió en aquel niño que espera con ansias la noticia que tanto anhela, una pequeña variación en su semblante dibujo una sonrisa, pero no cualquier sonrisa, no de esas que le das a cualquier persona por educación, no de esas que salen cuando viene un recuerdo grato a tu mente, ni siquiera de esas sonrisas que aparecen cuando nada en la vida puede salir mal.
Esta era única, sin igual, pareciera un cuento de hadas pero nadie más merecía este sentimiento tan particular, nadie había podido llegar tan profundo, nadie había hecho que él no sintiera ninguna pena por demostrar quien era en realidad.
Intentó, pero no lograba levantar la mirada, en su interior deseaba que este fuera el momento que tanto había anhelado, quería preguntar pero, se detuvo.
-No quisiera arruinar nada, todo es tan perfecto ahora -Pensó, -Creo que, no... mejor dejaré todo de su lado, así es mejor. -Fue lo último que tuvo lugar en su mente.
- De repente escuchó un suspiro, profundo, largo. Su respiración se detuvo por unos instantes y su corazón despertó en latidos constantes, -¿Había llegado?, ¿Será el momento? - pensó
-Por fin se cumpliría lo que toda su vida había deseado, no quería apresurar nada, todo debía ser perfecto, pero ¿Qué culpa tiene un simple mortal de que sus emociones le traicionen?, no pudo contener más su felicidad y su rostro fue inundado por una sonrisa que se podía divisar a kilómetros, su respiración se tornó lenta y profunda en un intento de calmar su alma, y en el momento menos esperado, escucho las palabras que cambiaron el rumbo de toda su historia. -¡Es hora de irnos!
<<Tomado de Genesis 5:24>>

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