¡Tenía razón!




-Y hela allí sentada a la cabeza de ese tan codiciado lugar, el que para algunos es simplemente el local de reunion, pero en realidad es la lugar en donde muchas desiciones sin precedentes han sido tomadas, ella con sus codos recostados sobre la finamente esculpida madera, en forma de mesa.

Sus dedos entrelazados, denotando esa firmeza y seguridad que siempre la han caracterizado, levantó la mirada pero no de manera brusca, sino con un movimiento leve, ligero, tan minúsculo que solo aquellos ojos finamente entrenados pudieron notar.

Todos quedaron expectantes de ella, y es que su simple presencia provoca tantas cosas que son imposibles de nombrar; algunos no logran calmar sus nervios, esos provocados por el saber enfrente de quien se está, otros simplemente perdidos en su hermosura no son capaces de tranquilizarse. Y es que ¿quien puede mantener su sano juicio luego de apreciar esa cabellera?, enorme, profunda, obscura, como la más fría y tenebrosa de todas las noches que puedas imaginar, con la diferencia que los escalofríos que recorren tu cuerpo al pensar en ella terminan en tu rostro dibujando una sonrisa. Y sus ojos, ellos tan únicos, ¡tan delicados!, su tono, es simplemente indescriptible, su forma, la manera en que lo usa; no puedes verlos sin perderte en ese abismo del cual muy pocos han logrado salir con vida.

Arriba al fondo de la sala, podía vislumbrar unas iniciales que solamente le recuerdan que todo valió la pena, nada de lo que las personas le dijeron surgió efecto y ella es feliz por eso, el seguir los sueños era algo que siempre la ha caracterizado y esta vez (como siempre) había acertado. Tres letras, mucho poder, mucho respeto, muchas responsabilidad, pero claro para ella son cosas que maneja desde el inicio de sus días. El relieve que destacaba de la pared, podía ser un simple nombre, pero para ella eso lo era todo.

Lentamente comenzó a esbozar una sonrisa, suave pero firme, y con cada movimiento minúsculo de su rostro muchos pensamientos comenzaron a  inundar su cabeza. Esa imagen era digna de ser exhibida en los mejores museos, aunque la verdad aún no existe lugar que pueda albergarla, ya que si tuviéramos el descaro de presentarla en el Museo del Louvre poca cosa serían todos los lienzos de su inventario.

Un suspiro marco el final de ese silencio enorme. Todos atentos la observaban esperando quedar maravillados con alguna de sus frases, palabras o tan siquiera con algún sonido de boca, pero no, esta vez lo único que obtendrían de ella sería ese cuadro perfecto,
-¿Qué pensará?
-¿Estaremos molestando? 
-Eran algunas preguntas que todos se hacían, pero ninguno había acertado ya que en su mente existía una sola idea, un solo recuerdo, una pequeña cápsula del pasado  que comenzó a resurgir. –¡Tenía razón! siempre aunque me cueste aceptarlo todo es tiempo el tuvo razón.

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